Nº7. - La Literatura en la Reinvención de lo Urbano, por Esteban Ierardo | Itaca Escuela de Escritura

Nº7. - La Literatura en la Reinvención de lo Urbano, por Esteban Ierardo

Los poderes regeneradores de la experiencia por la emoción literaria son múltiples. Entre ellos, la percepción del alma de las ciudades, reales o imaginarias. Entre los múltiples ejemplos que nos propondría el recuerdo sobresale claro el Dublín del Ulises de Joyce, el Londres o París de Dickens, o los pueblos imaginarios de Faulkner, García Márquez, Onetti, o las ciudades invisibles de Calvino.

 Pero también despunta el Buenos Aires reinventado por Manuel Mujica Láinez en su Misteriosa Buenos Aires. Podría ser, claro, la ciudad rioplatense o cualquier otra. Y no nos preocupa aquí ninguna hermenéutica específica de la literatura de Mujica en sí, sino el proceso literario de empatía o percepción de la atmósfera sensitiva de las urbes, los lugares urbanos del delirio humano.

Mujica Láinez, autor también de la inolvidable Bomarzo, nos propone la práctica de la escritura literaria de una ciudad reinventada, no desde ninguna teoría estética o un tiempo urbano vivido solo desde realistas novelas históricas, o desde los relatos de viajeros visitantes de la urbe acechada por la pluma.

 Mujica en Misteriosa Buenos Aires nos introduce en lo literario como práctica de co-creación y reinvención de una ciudad, del hallazgo de su atmósfera sensible y sus repliegues de lo visible y lo invisible. La escritura como piel sensitiva que se pega y desgarra al saltar y rodar dentro de lugares, casas, calles, esquinas, los poros urbanos del animal caliente de las ciudades.

 Desde el primer relato, “El hambre” (1541), situado en la primera Buenos Aires, hasta su cierre en “El salón dorado”, (1908), Mujica percibe en Misteriosa Buenos Aires los otros órganos, olores, irrupciones simbólicas de la otra ciudad, distintiva a la mera evocación histórica, y que solo la escritura literaria puede lanzarse a su caza.

 Pero más allá de la literatura de re-invención de una “ciudad real y conocida”, la urbe entre las palabras puede ser también un detonador de metáforas y descubrimientos imaginativos no solo de un mundo (el propio de una ciudad específica), sino de los muchos mundos posibles. Aquí es saludable volver a beber los brebajes de Las ciudades invisibles de Calvino. No es mera ocurrencia que, en esta obra, la explosión proteica de ciudades-mundos acontezca frente a la mirada azorada de un Marco Polo no solo ya como personaje histórico, sino como viajero de otro modo del descubrir. Ya no el descubrimiento del explorador geográfico del Asia, ese descubrir en el que el horizonte es solo línea geográfica de las nuevas tierras. No. Ahora la lejanía como la matriz generativa de otras ciudades-mundos, otras figuras de ensueños habitados, que estrujan el cuello del mero realismo posible.

 La proeza imaginativa del escritor italiano es tal vez el pináculo de la escritura literaria de ciudades. Una cuesta de la osadía literaria que hace de la ciudad no solo un cruce de las narraciones, sino una máquina enunciativa de las ciudades imaginadas (criaturas literarias) que desbordan otros modos de ser. 

 Entonces, más allá del empecinamiento de la letra con una ciudad dada, la literatura,  al fin de cuentas, puede trascender una ciudad localizable o imaginativa, para sacudir el árbol literario de la gran ciudad ausente. Esa otra ciudad de la que cuelgan los mundos escondidos.

Esteban Ierardo

Esteban Ierardo

AdjuntoTamaño
PDF icon 7 - Reinvención de lo urbano.pdf110.45 KB