Escritura Creativa. La voz narrativa. Aspectos teóricos. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. La voz narrativa. Aspectos teóricos.

Ítaca Escuela de Escritura La voz narrativa

I - CUADERNO DE PROA: ASPECTOS TEÓRICOS

 

A pesar de que son varios los aspectos en los que un cuento o una novela se la juegan, la elección de la voz narrativa constituye un factor clave para afianzar el modo en el que nuestra historia es contada. La literatura es, fundamentalmente, una cuestión de forma: el carácter singular de nuestra narración dependerá de cómo la construyamos. Casi todo ha sido contado ya, pero es probable que no del modo en el que nosotros lo vamos a hacer. Desde luego, no con esa voz que solo pertenece a nuestro narrador, que lo particulariza.

Antes de hablar de voces, es necesario recordar algo que, aunque pueda parecer una obviedad, muchas veces se pasa por alto: el autor de un texto literario no es el narrador de la historia. Dicho de otro modo, el primero es un ser de carne y hueso, real, que se sienta frente al teclado y pergeña un argumento, que se vale del texto para convertir una idea abstracta en una historia concreta; el segundo no existe más allá de los límites de la propia obra, y es un ente de ficción del que el autor se vale para que le sirva de intermediario y cuente la historia que tiene entre manos.

Pues bien, resulta fácil entender que, siendo así, autor y narrador tendrán voces diferentes. La voz del narrador estará condicionada por aspectos como la distancia entre este y la historia, su actitud hacia la misma, sus propias creencias y prejuicios (si tienen lugar) dentro del mundo de la ficción… Y la voz literaria y personal del autor tiene más que ver con su mirada hacia lo que tiene alrededor: denota inclinaciones, obsesiones e intereses particulares (no hace falta ser un lince para comprender que la mirada de Franz Kafka era distinta de la de, pongamos, Gustave Flaubert).

Nuestra voz personal, la mirada que adoptemos como escritores y escritoras, se irá formando a través de la aleación de lecturas, miedos, experiencias y manías. Pero nos interesa particularmente aquí tratar la importancia de la voz de nuestros narradores. El portavoz que va a contar nuestra historia tendrá una voz, como decíamos, llena de matices, que vendrán determinados por su punto de vista, el tono y la emoción con los que se manifieste. Una voz neutral, aséptica y fría, cubierta por una pátina de academicismo, desprovista de cualquier emotividad, puede resultar poco atractiva: el texto dejaría al descubierto todos los puntales que su autor ha colocado para trazar la historia y, en definitiva, terminaría por no ser natural ni convincente.

El narrador tiene una mirada particular hacia lo que cuenta. Selecciona, organiza y encuadra un enfoque determinado desde un ángulo propio. ¿Está involucrado en la historia? ¿Es su protagonista? ¿Es un testigo de la misma? ¿A qué distancia se sitúa? ¿No es un personaje dentro de lo que narra? Por otra parte, adopta un tono específico desde la emoción exigida por cada situación narrativa. En su voz se advertirá uno u otro grado de implicación, cierta visceralidad, una postura personal: irónica, dubitativa, recelosa, suspicaz, alborozada, molesta.

Ante una pregunta sobre su método de escritura, Jonathan Franzen contestó: «Tiene que ver siempre con el tono, y si el tono no está ahí, no hay escritura. Para hacer algo, necesito un tono y cierto esquema. Y es mucho más fácil llegar al esquema que al tono. No tiene sentido trazar un esquema si no creo que haya un texto por hacer, y el texto existirá tan pronto como sienta que tengo el tono en el que necesita ser escrito». Basta leer Las correcciones para comprender que Franzen encontró ese tono particular y empapó a la voz del narrador con él para que nos contara, justo así, las cosas de los Lambert.

Una voz puede afirmar, interrogar, increpar o conjeturar. El uso de una u otra sintaxis (y, claro, uno u otro léxico), contribuye a modular el tono. Las frases largas, llenas de subordinaciones, ayudarán a construir una voz dilatada, detenida, con cierta inclinación hacia lo reflexivo y la circularidad. Por el contrario, una sucesión de oraciones breves y armadas fundamentalmente con verbos de acción, llevará a un tono rápido, agudo y cortante.

La combinación de elementos formales con aspectos de la mirada y la actitud de nuestro narrador nos permiten trabajar su voz. Antes de comenzar a escribir esa historia que tanto nos apremia, preguntémonos desde qué punto de vista será contada y cuál será el tono que muestre la voz de quien la narre.

© Jesús Barrio