Escritura Creativa. El punto de vista. Aspectos teóricos. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. El punto de vista. Aspectos teóricos.

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I - CUADERNO DE PROA: ASPECTOS TEÓRICOS

 

En el tema dedicado a los aspectos teóricos de LA VOZ NARRATIVA se dijo que el autor de un texto literario no es el narrador de la historia. El narrador es un ente de ficción del que el autor se vale para que le sirva de intermediario y cuente la historia que ha ideado.

En principio podríamos pensar que, gracias a ese poder que nos otorga la ficción de acceder directamente a los pensamientos y sentimientos de los personajes, el mejor punto de vista para contar una historia sería el de un narrador que conociera todo lo referente a sus personajes en cualquier tiempo y lugar: pensamientos, sentimientos y acciones. De esta forma tendríamos acceso tanto su mundo interior como al exterior.

La cuestión no es tan simple, pues según la historia que queramos contar y los efectos que persigamos, podrá interesarnos un enfoque u otro. Enfoque que dependerá de que el narrador participe o no en la historia y del grado de conocimiento que necesitemos o elijamos para contarla.

Llamamos narrador interno al que es a la vez personaje de la historia. Este narrador tiene las capacidades y limitaciones que tiene cualquier persona. Podrá, por ejemplo, hablarnos de todo lo que esté al alcance de sus sentidos, y de su mundo interior, pero no del de los otros personajes, al que no tiene acceso directamente. Si eliges este narrador, tendrás que “meterte en su piel” y darle una VOZ coherente con su condición y personalidad. Se utiliza la primera persona gramatical (yo, nosotros).

Llamamos narrador externo al que se halla fuera de la historia, no es un personaje. Es una voz anónima que sabe todo o casi todo. Hay tres tipos de narradores externos: narrador omnisciente, narrador omnisciente limitado, narrador cámara. Se utiliza la tercera persona gramatical (él, ella, ellos, ellas)

Al narrador omnisciente se le ha comparado con un dios por ese grado de conocimiento. Un narrador de este tipo en grado sumo, característico del siglo XIX, nos dice hasta lo que debemos pensar de los personajes. El narrador de “Un cuento de Navidad”, de Dickens, dice: “¡Oh! Pero Scroge era atrozmente tacaño, avaro, cruel, desalmado, miserable, codicioso… Hoy, si elegimos un narrador omnisciente, es preferible que no se entrometa con sus juicios, y que sea el lector el que saque sus propias conclusiones a partir del comportamiento del personaje.

Con el narrador omnisciente limitado, la omnisciencia se suele reservar para el personaje protagonista. El narrador conocerá el mundo interno del personaje y lo acompañará allá por donde vaya, sin tener la posibilidad de contar cosas que él no sepa o presencie y sin tener acceso a lo que piensan y sienten los demás. Desde el punto de vista formal, estaremos empleando la tercera persona gramatical, es decir, estaremos utilizando un narrador externo, pero de hecho estaremos narrando desde uno de los personajes. Así pues, el punto de vista en este caso es interno, aunque el narrador sea externo.

El narrador cámara solo puede contar lo que sucede en el mundo externo. Debemos limitarnos a narrar lo que hacen y dicen los personajes y a describir el espacio en que sucede la acción. No podremos decir directamente cuál es el estado de ánimo de los personajes ni lo que les pasa por la cabeza. Cuando lo empleamos, lo que contamos al lector es prácticamente lo que grabaría una cámara, aunque el narrador cámara también puede registrar aspectos como el olor, la temperatura o el sabor. También puede entrar en lugares íntimos. Esta técnica crea la ilusión de que no existen intermediarios entre la historia y el lector, que tiene la impresión de estar asistiendo a las escenas “en directo”, lo cual aporta al relato verosimilitud y viveza.

En resumen, antes de contar una historia tienes que decidir desde que punto de vista la vas a contar, teniendo en cuenta las características de la propia historia, la información que necesitas y las sensaciones que quieres provocar en el lector. Por ejemplo, si quieres escribir un relato sobre un personaje que se halla en peligro inminente de muerte, es conveniente que no lo escribas en primera persona, pues ya desde el principio, por el simple hecho de poder contarlo, sabríamos que ha sobrevivido al peligro, salvo que –ya hemos dicho que en la ficción todo es posible- tu personaje hable desde la ultratumba, pero entonces tendrás que modificar la trama, el tono y la atmósfera del relato para que resulte convincente y no sea un recurso –el del muerto “muy vivo”- que te sacas de la manga en el último momento con el único fin de sorprender al cándido lector.

© Eloy Serrano