Escritura Creativa. El espacio y la ambientación. Aparejo: consejos prácticos y ejercicios. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. El espacio y la ambientación. Aparejo: consejos prácticos y ejercicios.

Ítaca Escuela de Escritura El espacio y la ambientación.

III - APAREJO: CONSEJOS PRÁCTICOS Y EJERCICIOS

 

 

Ya sabemos que el espacio es uno de los tres ejes principales en que se apoya la construcción de un texto narrativo: acción, tiempo y espacio son los tres puntos clave sobre los que la historia se sostiene. Por otro lado, cuando sumamos espacio y tiempo componemos un todo: un entorno propicio y completo en el que la acción podrá desarrollarse. Por eso Mijail Bajtín, en su Teoría y estética de la novela, acuña el término «cronotopo», en el que aúna esos dos parámetros: un pilar esencial porque los dos se funden, suman fuerzas para sostener el edificio de la narración.

También sabemos que las descripciones sirven para ahondar en el significado de las acciones, no solo como elemento ralentizador. Especialmente si los detalles los damos filtrándolos a través de la mirada de los personajes, y aprovechamos así para expresar cómo se sienten y quiénes, realmente, son.

El espacio cumple funciones narrativas esenciales, por tanto. Y hay que tener en cuenta que no sugiere lo mismo —que no crea las mismas expectativas— el tenebroso escenario propio de un cuento de fantasmas que una bucólica extensión de campo verde salpicado de flores. Así que los espacios pueden contribuir en mayor o menor grado a dar verosimilitud a las escenas, y al mismo tiempo pueden funcionar inmejorablemente como expresión de la emotividad de los personajes y de sus circunstancias.

Aparte de todo esto, no está de más inducir al lector a que lleve a cabo una lectura metafórica de lo que se cuenta: propiciar que se deshaga de las limitaciones impuestas por la racionalidad. Así lo explica Ricardo Gullón:

Cuando el coronel Aureliano Buendía traza alrededor suyo un círculo que le separa de los demás —en Cien años de soledad—, refuerza su soledad en el silencio y el aislamiento y, además, se incorpora a la tradición del espacio formado por el círculo mágico en que el hombre se sabe protegido y desde el cual comunica con las potencias sobrenaturales [...]. Circular también, el laberinto corresponde al mito de la concentración mental en sus propios enigmas, símbolo del espacio inaccesible del ser y de la complejidad —monstruosa complejidad—que lo constituye. El laberinto de Borges es proyección psicológica del personaje, enigma que se propone y en cuyas esquinas se pierde; emblema del universo, lo es también de la mente que lo encierra, traza sus límites y sus hipótesis y acaso lo inventa.

De todas estas cosas habla Ricardo Gullón en Espacio y novela: de laberintos, de islas, de rincones diversos que expresan inmejorablemente la psicología de los personajes, que muestran de manera indirecta lo que no conviene decir explícitamente, lo que se perdería si fuera dicho, y, no obstante, se gana en el momento en que se ve, en que el lector lo ve, a través de los lugares y ambientes que los distintos personajes habitan, inventan o sueñan.

Por todo ello, a la hora de escribir, debemos saber qué atmósfera queremos mostrar en nuestra narración: porque se tratará de crearla, de irle dando forma poco a poco a través de los objetos y de los espacios concretos que mostremos, a través de cada uno de los detalles e incluso de cada palabra que utilicemos. Las atmósferas neutras, impersonales, carecen de valor comunicativo; por mucho que cuidemos el desarrollo de nuestra historia, lo que se dice en ella solo será efectivo si realmente conseguimos expresar la emotividad de lo que le sucede al personaje, si logramos tender ese puente de comunicación imprescindible con el lector

En narraciones de cierto tipo, esto es así de manera muy especial. Especialmente en los relatos de corte fantástico, donde lo extraño juega un papel importante y no hay otra manera de hacer entrar al lector de lleno, de atrapar su atención para poder contar desde el principio con su confianza incondicional que cargar tintas, desde el primer momento, en esos elementos que producen extrañamiento en él.

Así que este es el ejercicio que os proponemos, en esta ocasión: un relato fantástico en el que los elementos ambientales resulten imprescindibles para reflejar el estado de ánimo del personaje, y donde la atmósfera (todos los elementos que confluyen en ella) sea esencial a la hora de dar visibilidad y credibilidad a los sucesos que estamos relatando. Y no dejéis de tener en cuenta, para ello, todos estos consejos de repaso que esperamos os sirvan.

© Ángeles Lorenzo Vime