Escritura Creativa. La tensión narrativa. Semblanzas. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. La tensión narrativa. Semblanzas.

Ítaca Escuela de Escritura. La tensión narrativa.

IV - SEMBLANZAS: PECOLA BREEDLOVE Y SUS OJOS AZULES

 

A través de diferentes narradores, Toni Morrison da voz a unos protagonistas en los que nadie se fijaría: la familia Breedlove, negros, pobres y feos. No son épicos (ni buenísimos ni pérfidamente malvados), son mediocres, unos parias. Y, a la vez, humanos. Para colmo, si leéis Ojos azules os daréis cuenta de que el apellido de esta familia es una suerte de insulto sarcástico que parece no afectarlos: Breedlove. ¿O quizá se rebelen contra él? Breed significa ‘raza’, y también ‘criar, alimentar’, y love, ‘amor’…

En realidad, las protagonistas de Ojos azules son las mujeres negras de clase baja. Mujeres en las que otras (empezando por las negras «más claritas») no se fijarían, salvo para criticarlas o despreciarlas. En el epílogo de la novela, Toni Morrison confiesa su propia lucha durante el proceso de escribirla: no quería «deshumanizar a los personajes que degradaron a Pecola y contribuyeron a su colapso», ni tampoco «conducir a los lectores al solaz de apiadarse de la niña»; lo que quería más bien era que los lectores se interrogasen a sí mismos sobre esa destrucción. En definitiva, con Ojos azules (y con muchos de sus libros), Toni Morrison se suma al feminismo de raza y de clase, pero no desde la literatura panfletaria, sino desde la crítica feroz y doliente.

Hay un cartel de Manos Unidas que reza el siguiente lema: «La mujer del siglo XXI: ni independiente, ni segura, ni con voz». Y en el subtítulo, continúa: «Una de cada tres mujeres de hoy no es como te la imaginas». La imagen del cartel —¿lo habéis visto?— es una campesina de la India. Yo diría que, si sumamos las mujeres que viven en el lado de acá, del llamado primer mundo, esa cifra, una de cada tres, se queda corta. Pecola Breedlove, la protagonista preadolescente de esta novela, es una muestra de ello: no es campesina y vive en Estados Unidos, es un personaje de ficción inspirado en una compañera de clase, también negra, que tuvo Toni Morrison:

Acabábamos de ingresar en la escuela elemental. Ella dijo que quería unos ojos azules. Yo desvié la mirada para imaginarla con aquellos ojos y me repelió violentamente lo que imaginé que sería su aspecto si el deseo se cumplía. La pesadumbre de su voz parecía reclamar compasión, y yo la fingí en beneficio suyo, pero asombrada ante la profanación que proponía, reaccioné enfadándome con ella.

Tras sufrir un suceso atroz, Pecola quiere unos ojos azules como los de Shirley Temple. Su argumento está claro cuando se imagina lo que dirían sus padres: «Oye, fíjate en Pecola, qué lindos ojos tiene. Delante de unos ojos tan lindos no podemos hacer cosas malas». Una belleza bajo cuyo deseo late, no en vano, la idea de la identidad. Una idea de la belleza ante la que Toni Morrison choca y, después, se pregunta:

Ojos azules fue mi primer esfuerzo por decir algo a propósito de todo eso; por decir algo sobre por qué ella no tenía, o posiblemente no tendría nunca, la experiencia de lo que poseía, y también sobre el porqué de que rezara por una alteración tan radical. Implícita en su deseo estaba la autoaversión racial. Y veinte años después yo me preguntaba todavía cómo se aprende semejante cosa. ¿Quién se la había inculcado? ¿Quién le había hecho creer que era mejor ser una monstruosidad que lo que era? ¿Quién la había mirado y la había encontrado tan deficiente, tan insignificante en la escala de la belleza? La novela pretende dar un atisbo de la mirada que la condenó.

Por eso Ojos azules no es una respuesta. Con Ojos azules, Toni Morrison se sentó sobre la pregunta y con una prosa mordiente, enrevesada y lúcida la atravesó de la mano de Pecola Breedlove, un personaje tan difícil de digerir como necesario…

 

© Marisa Mañana