Escritura Creativa. La estructura narrativa. Aparejo: consejos prácticos y ejercicios. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. La estructura narrativa. Aparejo: consejos prácticos y ejercicios.

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III - APAREJO: CONSEJOS PRÁCTICOS Y EJERCICIOS.

 

Y le llegó el turno a la poesía, al aparejo, que bien podríamos llamar también polipasto, y ambas serán palabras paroxítonas (graves o llanas) y de 4 sílabas. Sin que pretenda ser enfadoso, el hecho de hallarnos ante estas y no otras palabras, no ante una oxítona, no una proparoxítona, no de tres o seis sílabas, marca el rasgo diferenciador de la poesía frente a la prosa (prosa oratio, el discurso directo; prosa es asimismo lo sencillo, carente de los ornamentos del poema).

Si algo hace de un poema lo que es, es el metro (la métrica, medida), el ritmo (ρειν, rein, fluir), la retórica (que hizo que los sofistas se enriquecieran) y la prosodia (la cualidad junto al canto). Sesgo particular de la escritura que hace de los poetas seres pálidos, que se pasan los fines de semana en casa y contando sílabas.

Tal es el caso de Guilhem de Peiteus (Guillermo de Poitiers, Guillermo IX de Aquitania), poeta moderno y contemporáneo, a más de duque, que en el s. XI, pergeñó el término trouver (encontrar, hallar), trovar y trovador. Lo que encuentra y trova nos lo va a resumir en un poema que titula Farai un vers de dreit nien (Haré unos versos sobre absolutamente nada) y que bien puede escenificar todo lo dicho anteriormente acerca de un poema. Su composición se articula en 8 estrofas de 6 versos cada una, con rima a-a-a-b-a-b, versos de 8 sílabas (posiciones 1-2-3 y 5) mezclados con otros de 4 sílabas (en los versos 4 y 6). (Dejo aquí un enlace para quienes deseen paladearlo en su lengua original, así como diversas traducciones del mismo).

En este texto asistimos al uso de la medida (conteo silábico), el ritmo (distribución acentual), retórica (qué sino la ironía) y por último la prosodia (no olvidemos que un trovador canta sus composiciones, tal como hacen estos tres señores, que destrozan nuestro poema, muy bien, por cierto, y con instrumentos de época). Pues el objeto último de la poesía es la de ser leída en voz alta (una buena lectura salva un mal poema y una mala acaba, en un abrir y cerrar de boca, con todo Lope de Vega y Carpio, con los dos).

Pero en aparejo te vamos a proponer algún ejercicio para mejorar tus comienzos en la poesía. Sea. Abre la ventana más próxima al lugar donde te encuentres, acércate a ella con este portátil, donde me estás leyendo, o tu dispositivo móvil, asegúrate que en este momento transita gente por la calle (si no dispones de audiencia, la poesía podría marchitarse como una princesa de Rubén Darío), aclara la voz, toma unas cuantas respiraciones profundas, asienta bien tu cuerpo sobre la base de tus pies, mira si tus zapatos están limpios, ¿ya?

Estás preparado entonces para comenzar a leer en voz alta, y muy lentamente, manteniendo las pausas versales y estróficas, lo que sigue:

Haré una poesía sobre absolutamente nada

I

Haré una poesía sobre absolutamente nada:

no tratará de mí ni de otra gente;

no tratará de amor ni de juventud,

ni de ninguna otra cosa,

habrá sido compuesta mientras dormía,

sobre un caballo.

II

Ignoro la hora en que nací,

no estoy alegre ni triste,

no soy huraño ni agradable

y no puedo ser de otro modo,

así fui marcado por la noche

en una alta montaña.

III

Ignoro cuándo estoy dormido

y cuándo estoy despierto si no me lo dicen;

por poco se me parte el corazón

por una pena de amor;

no doy por eso el precio de una hormiga,

¡por San Marcial!

IV

Estoy enfermo y creo morir;

no sé nada más que lo que oigo decir.

Buscaré médico según mi deseo,

pero no conozco ninguno que me valga;

será buen médico si me puede curar,

pero no lo será si empeoro.

V

Tengo amiga, no sé quién es,

nunca la vi, por mi fe,

ni hizo nada que me agradara o pesase

y no me preocupa:

nunca hubo abundancia

en mi casa.

VI

Nunca la vi y la amo mucho;

nunca obtuve de ella favor ni me ofendió;

cuando no la veo, poco me importa,

no la precio un gallo

pues sé de una más gentil y más hermosa

y que vale más.

VII

Ignoro dónde vive,

si en la montaña o en el llano;

no oso decir lo injusta que es conmigo

sino que me callo;

me pesa que se quede aquí,

por eso me voy.

VIII

Ya he hecho la poesía de no sé qué;

la enviaré a aquel

que por medio de otro la transmitirá

al Peitieu

para que mi dama me envíe la contrallave

de su estuche.

Trad. de Carlos Alvar

© José Antonio Rodríguez Alva