Escritura Creativa. La alegoría. Aspectos teóricos | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. La alegoría. Aspectos teóricos

La alegoría. Escritura Creativa. Ítaca Escuela de Escritura.

I - CUADERNO DE PROA: ASPECTOS TEÓRICOS

 

La alegoría es la figura que permite que un término se refiera a un significado oculto. Aquello que las palabras denotan, por tanto, alude a algo más profundo (lo que esas mismas palabras tienen la capacidad de connotar). Aunque para entenderlo cabalmente debemos retroceder un poco…

«Denotación», según el Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria de Angelo Marchese y Joaquín Forradellas, es el «valor informativo-referencial de un término, regulado por el código». El término «connotación» se opone al anterior, ya que es el significado que tienen las palabras cuando se interpretan de forma subjetiva en función de un contexto determinado, independientemente del significado que tienen según el diccionario. Por ejemplo, decir que alguien es «un zorro» puede significar que es muy astuto, pero también que es un hipócrita, aunque en el diccionario se diga que zorro es un mamífero cánido, sin más. 

Para Todorov, «connotación» es un concepto en el que cabe todo, que incluye «todas las significaciones referenciales». Interpretar el sentido de un término implica transcodificarlo, es decir, pasar de un determinado nivel de sentido a otro. Cuando decimos que se interpreta de forma subjetiva en un contexto nos referimos a que una palabra o expresión puede tener un significado secundario para un grupo de personas y a veces incluso solo para un individuo. Es decir, la connotación de una palabra o expresión es lo que sugiere: otro significado, además del sentido que le es propio e inmediato (la denotación). En muchos casos, así, la connotación alegórica depende de subcódigos particulares de una época, de una corriente literaria concreta, e incluso de un autor. La interpretación dependerá del contexto, por tanto, como siempre sucede en el terreno del símbolo.

La alegoría actúa, por tanto, sobre el contenido lógico de las palabras: ejerce su poder sobre un primer nivel “externo”, suprimiendo ese significado más evidente para aludir a un segundo nivel “interno”: una suerte de código secreto que ha de ser desentrañado por el lector.

Un relato alegórico es, por tanto, una narración de carácter simbólico emparentada con las fábulas esópicas y con las parábolas evangélicas, mediante las cuales dos mundos distintos establecen una relación, un paralelismo que, curiosamente, desemboca en un significado común.

Existen alegorías de diferentes tipos, como la metafísica o filosófica (el mito platónico de la caverna), la teológica (los doce trabajos de Hércules), etc. En el terreno de la literatura, podríamos poner infinidad de ejemplos. Quizá uno de los mejores, en el ámbito de la narrativa, es el que podemos encontrar en la más conocida novela del autor italiano Dino Buzatti: El desierto de los tártaros. Esta es la historia de Giovanni Drogo, destinado a una fortaleza fronteriza sobre la que pende una amenaza ambigua siempre presente, cuyo viaje y estancia en la fortaleza se encuentran en todo momento cargados de resonancias que, de manera más o menos implícita, conectan cada situación con los más hondos dilemas de la existencia humana: la seguridad como valor contrapuesto a la libertad, la progresiva resignación ante el estrechamiento de las opciones, la frustración de las expectativas acerca de hechos excepcionales que podrían cambiar el sentido de la existencia… Continuamente, en la novela nos encontramos con fragmentos cuya interpretación completa requiere de ese análisis profundo al que nos invita la alegoría. Veamos un ejemplo:

Hasta que Drogo se quede completamente solo y aparezca en el horizonte la franja de un inmenso mar azul, de color plomo. Ahora estará cansado, las casas a lo largo del camino tendrán casi todas las ventanas cerradas y las escasas personas visibles le responderán con un gesto desconsolado: lo bueno estaba detrás, muy detrás, y él ha pasado por delante sin saberlo. ¡Oh!, es demasiado tarde ya para regresar, detrás de él se amplía el estruendo de la multitud que lo sigue, empujada por idéntica ilusión, pero aún invisible por el blanco camino desierto.

Giovanni Drogo ahora duerme en el interior del tercer reducto. Sueña y sonríe. Por última vez llegan a él, en la noche, las dulces imágenes de un mundo completamente feliz. ¡Ay! Si pudiera verse a sí mismo, como estará un día, allá donde el camino acaba, parado a la orilla del mar de plomo, bajo un cielo gris y uniforme, y a su alrededor ni una casa, ni un hombre, ni un árbol, ni siquiera una brizna de hierba, y todo así desde tiempo inmemorial...

© Ángeles Lorenzo