Escritura Creativa. El punto de vista. Semblanzas. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. El punto de vista. Semblanzas.

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IV - SEMBLANZAS: ELENA FORTÚN

 

Celia, el popular personaje literario que creó Elena Fortún en los años treinta, sigue representando, casi un siglo después, un punto de vista narrativo singular: el de una niña que piensa por sí misma y no se somete a los dictados de la sumisión. Los tiempos han cambiado, es incuestionable, pero la frescura de la voz de esa niña rebelde, algo quijotesca, que pone patas arriba los convencionalismos de la época, sigue conservando toda su vigencia.

Otra de las originalidades del punto de vista narrativo en esta serie de relatos es que, a diferencia de lo que ocurre habitualmente con los héroes de las series infantiles, que parecen anclados permanentemente en una edad determinada (Guillermo Brown, por ejemplo, siempre tiene once años), tanto Celia como el resto de los habitantes del mundo narrativo que teje Elena Fortún en los distintos libros crecen y se van desarrollando ante los ojos del lector.

También es original su absoluto protagonismo. Los niños en esta colección de cuentos no son comparsas de los adultos, sino los verdaderos protagonistas, y es a través de su genuina percepción como se le presenta al lector el mundo novelesco.

No solo el habla de los niños y su perspectiva están perfectamente logrados, sino que la autora capta y representa también el habla de cada uno de los personajes, poniendo de manifiesto su diferente extracción social y, sobre todo, las dificultades de comunicación entre niños y adultos. Por ejemplo, durante el curso que Celia pasa interna con las monjas, tras haber soltado un sapo en el dormitorio, sufre una reprimenda de la superiora:

—He sabido, Celia […] que anoche ha tenido el atrevimiento de llevar el desasosiego al dormitorio.

—¡Huy! ¡No lo crea, madre, no lo crea!... Lo que yo llevé de una pata fue el sapito para asustar a Josefina, que es una acusona…

—¡Ya sé lo que hizo usted!... Y ello me obliga a separarla de sus compañeras por unos días para que medita en la falta de caridad que supone lo que ha hecho.

No entendía nada porque se explicaba muy mal.

Aunque solo las obras del primer ciclo de relatos están contadas en primera persona, desde el punto de vista de Celia, y en los siguientes, protagonizados por su hermano Cuchifritín y su prima Matonkikí, la primera persona da paso a una tercera asumida por un narrador omnisciente, la perspectiva infantil no se pierde. Por un lado, porque el punto de vista del narrador se mantiene muy cercano a la percepción del niño o niña protagonista; por otro, porque la abundancia de diálogos hace que el narrador casi desaparezca y se borre esa distancia hasta conseguir que las palabras de los niños y niñas se reproduzcan con una naturalidad y una frescura pocas veces igualadas.

El resultado fue una obra que se mantuvo viva a lo largo de los años, cuyos personajes crecieron y cambiaron ante los ojos del lector, y que aún despiertan simpatías por su frescura y espontaneidad.

¿Pero quién era Elena Fortún? Bajo ese seudónimo se ocultaba Encarnación Aragoneses Urquijo (Madrid 1985-1052), que empezó a publicar en el suplemento infantil Gente menuda de la revista Blanco y Negro por consejo de su amiga María Lejárraga, una de las pioneras del feminismo español. Eran los finales años veinte y primeros treinta, plena edad de plata de la literatura española y época de esplendor de la literatura infantil. Las vanguardias estaban en su apogeo y la II República a punto de ser proclamada. En todos los ámbitos -política, arte, ciencia…- se abrían nuevas posibilidades para las mujeres.

El estallido de la Guerra Civil supondrá la ruptura absoluta de ese proceso de renovación y pondrá la literatura infantil en iguales circunstancias que el resto de la cultura española en ese período: entre la difícil continuidad y la utilización del libro como vehículo propagandístico. La dictadura también conllevará la censura y el exilio de muchísimos intelectuales, entre los que se encontraba la propia Elena Fortún, que se refugió en Argentina, así como de otros muchos escritores y escritoras que estaban abriendo nuevas vías a la literatura infantil (Antoniorrobles, Bartolozzi, Mª Teresa León…).

Sobre Elena Fortún, Carmen Martín Gaite consideraba injusta su exclusión del canon literario y se consideró profundamente influida por ella. También expresaron su admiración y su deuda con ella Gil de Biedma, García Hortelano y Carmen Laforet (con quien mantuvo correspondencia entre 1947 y 1952, que ha sido publicada en el libro De corazón y alma). En palabras de Francisco Nieva, Elena Fortún representa «el convincente feminismo que se inició durante la República española» y es ahí, en el intenso clima feminista de la preguerra, época en la que escribe gran parte de sus obras, donde hay que situar a esta autora que tanto hizo por la liberación de la mujer y el cuestionamiento del orden patriarcal a través de sus personajes.

© Isabel Cobo