Escritura Creativa. El punto de vista. Aparejo: consejos prácticos y ejercicios. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. El punto de vista. Aparejo: consejos prácticos y ejercicios.

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III - APAREJO: CONSEJOS Y EJERCICIOS

 

¿Cómo podemos saber cuál es la voz que mejor funcionará para nuestros textos? ¿Qué tipo de narradores hay? ¿Es mejor la primera, la segunda o la tercera persona? Pues depende. Y para ello os propongo tres prácticas.

El narrador omnisciente puro, también llamado narrador-dios, se corresponde con la voz que lo sabe todo de los personajes, lo que se ve y lo que no se ve (los pensamientos, el futuro y el pasado, la intimidad) y salta de uno a otro sin necesidad de turnos u orden algunos. El omnisciente limitado es aquella voz que lo sabe todo de un único personaje, generalmente el personaje protagonista, aunque no siempre. Y el narrador cuasi omnisciente, o narrador cámara, también tiene el don de la ubicuidad, pero no nos cuenta qué sienten o qué piensan los personajes. Y ojo, no es que estos no piensen o sientan, es que deducimos o percibimos sus sentimientos y pensamientos gracias a lo que dicen y lo que hacen.

Pues bien, una práctica estupenda que os propongo, la primera de este tema, consiste tomar perspectiva de la tercera persona y para ejercitar la visibilidad, tan necesaria a la hora de escribir, es practicar con el narrador cámara. Sí, justo ese, el más difícil de los tres. ¿Habéis hecho la prueba? Tenéis un buen ejemplo con un relato de Jerome David Salinger: Un día perfecto para el pez plátano.

En cuanto a la primera persona, hay dos tipos de narradores. El narrador protagonista puede hablar de lo que siente y piensa, o bien puede limitarse a hablar de lo que dice y hace, pero siempre cuenta aquello que le ocurre a él, a ella, de ahí su nombre. Por su parte, el narrador testigo habla de otro personaje, que es el verdadero protagonista. Pero atención, que su nombre no os confunda: el hecho de que se le llame «testigo» no implica que haya presenciado los hechos que narra. También puede ocurrir que se los hayan contado, o que se los invente y fabule sobre ellos porque lo que cuenta le preocupa o le intriga.

Pues bien, la segunda práctica que os recomiendo es practicar la primera persona con el narrador testigo. Conseguir que otro sea el verdadero personaje protagonista cuando es uno quien habla requiere cierta pericia, teniendo en cuenta además que los lectores habrán de saber qué relación hay entre ese narrador testigo y el personaje protagonista. Un buen ejemplo de este tipo de narrador es el relato Es que somos muy pobres, de Juan Rulfo.

Y la tercera práctica que os propongo os dará perspectiva sobre las diferencias entre narradores: contar una misma historia con diferentes voces antes de decantarse por una de ellas. Tomemos como ejemplo las primeras frases de La metamorfosis, de Kafka:

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo.

Si cambiamos esta tercera persona por una primera la primera, atended a este detalle: no os bastará con cambiar la forma verbal. La voz en primera es, en principio, más subjetiva, más desordenada:

Una mañana me desperté después de un sueño intranquilo. Estaba tumbado sobre mi espalda, y me pareció que mi espalda estaba rígida. Más tarde descubrí que no era una espalda, sino caparazón. El caso es que me entró el pánico cuando al levantar un poco la cabeza vi mi vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Me había convertido en un monstruoso insecto.

Pues bien, cambiar un texto de la tercera a la primera persona, o al revés, es el mejor modo de aprender cuáles son las diferencias, las ventajas y las desventajas de recurrir a uno u otro narrador. No hay uno mejor que otro. Todo depende, más bien, de lo que queramos transmitir y, sobre todo, de cómo suene la voz que cuenta la historia a los lectores. Al fin y al cabo, no hay nada como conseguir que dicha voz suene parecida a la de alguien que charla con nosotros en confianza. O, dicho de otro modo: natural, cercana. Porque, en definitiva, la narrativa procede de la voz, y la voz tiene mucho de oralidad.

Una vez que habéis hecho la prueba con ambos, ¿cuál os suena mejor?

© Marisa Mañana