Escritura Creativa. El manejo del tiempo. Aparejo: consejos prácticos y ejercicios. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. El manejo del tiempo. Aparejo: consejos prácticos y ejercicios.

Ítaca Escuela de Escritura - El manejo del tiempo

III - APAREJO: CONSEJOS PRÁCTICOS Y EJERCICIOS

 

Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,

introduce primero sus pies en la espuma,

y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.

Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.

Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo

Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,

y avanza y levanta espumas, y salta y confía,

y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Vicente Aleixandre, En la plaza.

Hace casi un siglo D. Antonio (Machado) dijo que «la poesía es palabra en el tiempo», casi simultáneamente JRJ (Juan Ramón Jiménez) le advertía: «la poesía es la palabra a tiempo». Podremos situarnos de un lado u otro de la controversia –esos versos contrariados–, e ignorar qué esconden. No es lo que hacemos en Ítaca.

La creación poética es un acto en el tiempo del poeta (el que le corresponda), donde trasmite el mensaje que ha recibido hallando y hollando la palabra a tiempo. Pero si la longitud de las palabras no marcase el tiempo de un poema ni los tiempos verbales sino el ritmo, el «tempo» que se estira y encoge como un acordeón para alcanzar los «andante», «allegro», «ma non troppo» o «con moto», alguna ley por peregrina que sea debemos emplear.

Hoy vamos a tratar dos recursos que nos pueden ser de ayuda para estirar, ralentizar, y para cortar, acelerar el tiempo de un verso, de un poema.

Dice Aleixandre en el fragmento de «En la plaza» (aquí lo puedes leer completo), que corona esta entrada (D. Vicente que merece corona y reino):

Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,

y avanza y levanta espumas, y salta y confía,

y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Ha ido D. Vicente despuntando en verso largo, versículo a versículo, los pasos vacilantes del bañista que llegado a la orilla vacila, se retiene y aún duda en confiarse a la espuma. Y ese «tempo lento» culmina con una profusión de verbos unidos por la conjunción «y». Ya está, hemos dado con la «polisíndeton».

Pero volviendo sobre las líneas –versos– anteriores, el verso largo, sosegado, (el verso que encabalga) a su vez es continuado por otro (el encabalgado), de forma suave. Su contenido semántico se alarga más allá de la quinta sílaba del verso siguiente (si no lo hiciese estaríamos ante un encabalgamiento abrupto, lo que añadiría ruptura, celeridad). Este sencillo acto nos coloca frente al «encabalgamiento suave».

¿Qué podemos hacer con ellos? Poesía. Pongámonos frente a la mesa del desayuno y dediquemos unos preciosos momentos a la contemplación:

Galleta, mancha de café, la servilleta, zumo, la tostada quemada.

O:

Galleta y mancha de café y la servilleta y zumo y la tostada quemada.

O:

Galleta, mancha

de café,

la servilleta,

zumo,

la tostada quemada.

O:

Galleta y mancha de café

y la servilleta y zumo

y la tostada quemada.

En el primero de los casos habremos usado la «asíndeton», ausencia de conjunciones; en el segundo la «polisíndeton», proliferación de las mismas; en el tercero el «encabalgamiento abrupto» y en el último el «encabalgamiento suave». Es decir, «allegro» y «andante», asuntos ambos de mucho sustento para comenzar el día.

¿Querrás mirar si sobre tu mesa, y de desayuno, se esconde y asoma un poema?

© José Antonio Rodríguez Alva