Escritura Creativa. El espacio y la ambientación. Aspectos teóricos. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. El espacio y la ambientación. Aspectos teóricos.

Ítaca Escuela de Escritura El espacio y la ambientación.

I - CUADERNO DE PROA: ASPECTOS TEÓRICOS

 

Construir una narración implica trabajar diversos elementos: el narrador, el argumento, los personajes… y, por supuesto, el escenario, que puede ser cualquier lugar imaginable.

A una historia le pedimos que nos atrape, ¿verdad? Bien, pues esto sucede cuando hemos conseguido imaginar, o incluso sentir, que de algún modo nos hemos colado dentro de ella. En una película no es necesario que nadie nos explique cómo son los lugares, las personas o los objetos que allí aparecen, porque la cámara nos permite acceder de inmediato a esa escena. La escritura, sin embargo, únicamente cuenta con las palabras para construir una imagen del escenario donde se desarrolla la acción. Por eso los escritores tenemos que aprovechar al máximo las palabras, con las que podremos mostrar un lugar, sí, pero también otras sensaciones que forman parte de ese espacio: el olor de una chimenea, el sonido de un reloj de cuco, el sabor de una fruta exótica o el tacto fresco de un gin-tonic. Si conseguimos que el lector imagine ese espacio, lo tendremos de nuestra parte y nuestra narración le resultará sin duda más verosímil, porque le habremos permitido visualizar con mayor facilidad aquello que hacen los personajes. Como decía Ray Bradbury: «Para convencer al lector de que está ahí, hay que atacarle oportunamente cada sentido con colores, sonidos, sabores y texturas. Si el lector siente el sol en la carne y el viento agitándole las mangas de la camisa, usted tiene media batalla ganada».

¿Cómo construimos ese escenario? Mediante dos «ingredientes» fundamentales: los elementos estáticos y los dinámicos. En cuanto a los primeros, si la escena trascurriera en una habitación, esos elementos los formarían por ejemplo una cama de matrimonio, un libro sobre una mesilla, un joyero, una cajita de música, el suelo… Si fuera un espacio abierto, serían los bancos de un parque, un semáforo en verde, un charco, un autobús… Ojo, también la ausencia de objetos (aunque resulte raro) pertenece al ámbito de los elementos estáticos. Si mostramos la mano de la princesa sin el anillo que luce a diario, estamos informando (a través de algo que no está) sobre algo que ha ocurrido. Hay que tener en cuenta que la omisión debe tener un significado y no puede ser un descuido.

En cuanto a los elementos dinámicos, son aquellos que se pueden percibir con los sentidos, pero no son palpables. Por ejemplo, en la habitación de antes, podemos tocar la cajita de música, pero no las notas que escuchamos y que salen de su interior; ni se puede tocar la luz de la luna que entra por la ventana, o la de la lámpara, ni el olor a humedad de la habitación…

La combinación de ambos elementos, estáticos y dinámicos, hace que el lector respire una atmósfera. ¿Qué significa este concepto de «atmósfera»? Va más allá de la descripción de un espacio físico, y está relacionado con el estado de ánimo que provoca en los personajes ese lugar, y, por supuesto, en el lector. Si por ejemplo queremos que el personaje (y el lector) respire una atmósfera malsana caminando por un paso subterráneo, mostraremos la ausencia de luz, lo rodearemos de basura y el ruido de los trenes será ensordecedor.

En definitiva, crear una atmósfera determinada en la escena propiciará un estado emocional en el lector que le permitirá involucrarse en la historia. ¿Y no es involucrar y conmover al lector lo que pretendemos cuando escribimos? Démosle entonces la importancia que se merece al espacio y a la atmósfera en nuestras narraciones.

© Clara Redondo