Escritura Creativa. El desenlace. Semblanzas. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. El desenlace. Semblanzas.

El desenlace. Escritura Creativa. Ítaca Escuela de Escritura.

IV - SEMBLANZAS: ULISES

 

El primer gran texto griego traducido al latín es la Odisea. Y su protagonista, Ulises, había aparecido ya en el poema épico de la Ilíada como uno de los grandes guerreros que combaten en Troya y que en la Odisea pasa a ser mucho más humano y más complejo. Recordemos que esta obra relata el regreso del héroe a la patria, Ítaca. Lo heroico deriva en ella hacia lo novelesco y, por tanto, hacia la profundización en la psicología del personaje. El poema es un viaje a través del mar, con episodios fantásticos e intrigantes: un libro de aventuras, en definitiva.

Ulises es el último héroe antiguo y el primero moderno. Ha tenido que ir a la guerra forzado por Agamenón, que le necesitaba porque conocía su gran valor, su habilidad para hacer pactos y convencer con la palabra y los ardides. De él dijo la propia Helena de Troya, en la Ilíada:

Odiseo, que se crio en la áspera Ítaca, tan hábil en urdir engaños de toda especie como en dar prudentes consejos.

Una vez destruida Troya, Ulises se obstina en volver a su casa, atravesando el mar, con sus misterios y dificultades, llevando a cabo un largo peregrinaje en que se ponen a prueba su temple y su humanidad en numerosas ocasiones. Las aventuras marinas (el centro del poema, del canto VIII al XII), las relata el propio protagonista en primera persona (revive con intensidad sus aventuras, en el marco de una fama que ya le envuelve, como le sucederá a Don Quijote en la segunda parte del libro). Entre otras muchas, el famoso episodio de las sirenas, de cuyos tentadores cantos Ulises tendrá que salvarse. Incluso llegará hasta los límites del Océano y se entrevistará en el país de los muertos con los del Hades. Hasta llegar a su palacio, en Ítaca, con su disfraz de mendigo que cambiará para recobrar su aspecto de guerrero, dispuesto a vengarse de los pretendientes de Penélope.

Una de las principales características de Odiseo, probablemente la más importante, es la tenacidad: “¡Aguanta corazón…”, es su consigna. Así se cierra el capítulo “La última cena de los pretendientes”:

«¡Aguanta, corazón!, que ya en otra ocasión tuviste que soportar algo más desvergonzado, el día en que el Cíclope, de furia incontenible, comía a mis valerosos compañeros. Tú lo soportaste hasta que, cuando creías morir, la astucia te sacó de la cueva.»

Este maravilloso personaje, humanamente contradictorio, tan profundo y complejo, volverá a aparecer en infinidad de ocasiones a lo largo toda la historia de nuestra literatura. En la Eneida, de Virgilio, se recuerda a Ulises como el destructor de Troya, patria del exiliado Eneas (fundador de Roma). En las Crónicas troyanas de Dares y de Dictis se ofrece una imagen ambigua del personaje, astuto inventor del caballo de madera. Y hemos de destacar la imagen que de Ulises nos deja Dante, en el canto XXVI de su Infierno, cuando recorre el círculo de los condenados y, acompañado por Virgilio, encuentra la llama doble donde arden las almas de Ulises y Diomedes. Será el propio Ulises, transformado en llama, quien relate su última aventura, en la que muere por atravesar las columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar) y entrar en el mare tenebrosum, avanzando hacia Occidente hasta avistar, cinco días después, una alta y oscura montaña de la que salió un terrible remolino que se tragó a Ulises (precursor de Colón) y a los suyos.

Ulises también reaparece en pinturas y en dramas del Renacimiento y del Barroco, en general como hábil político y hombre prudente. También en obras de Shakespeare y de Calderón. En el Romanticismo resurge como viajero e incansable explorador del más allá, y en el siglo XX lo encontramos en numerosas obras, donde se desmitifica al personaje y se exploran distintas posibilidades, como que el retorno de Ulises a su casa supusiera una quiebra insostenible para aquellos que tanto le esperaron, dado que el tiempo lo ha cambiado todo y el retorno, por tanto, es imposible. Encontramos esta reelaboración a menudo en obras teatrales (como La tejedora de Sueños, de Buero Vallejo), en los Cantos de Edra Pound (donde el poeta debe emprender un canto al mundo de las sombras para hablar con Tiresias) y en la novela Ulises de Joyce, parodia que produce un efecto irónico sobre el personaje.

En la obra tardía de Borges, que se sentía unido a Homero sentimentalmente, tanto por la ceguera como por la tarea poética, es un símbolo frecuente. Él consideraba la Odisea un libro casi infinito, “pues hay algo distingo cada vez que lo abrimos” (esta idea nos recuerda a su libro de arena). Ulises aparecerá en dos de sus mejores relatos, “El inmortal” y “El hacedor”, así como en varios de sus poemas, entre otros su soneto “Odisea, canto vigésimo tercero”:

Y también reencontramos con Ulises en tres grandes poetas griegos: Kavafis, Katsantsakis y Seferis. Bajo el título “Ítaca”, Kavafis vuelve a los elementos nucleares del texto homérico: la travesía, los peligros y las riquezas del camino, el mar, las aventuras y las experiencias. El viaje no es de regreso, sino de ida: un primer viaje, el viaje. Lo que importa es ese viaje, por sí mismo, y en ningún caso la llegada (el que será su desenlace): una travesía que está reñida con la conformidad y los convencionalismos. Este es el famoso poema de Kavafis:

Cuando emprendas tu viaje a Itaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al colérico Poseidón,

seres tales jamás hallarás en tu camino,

si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al salvaje Poseidón encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos nunca vistos antes.

Detente en los emporios de Fenicia

y hazte con hermosas mercancías,

nácar y coral, ámbar y ébano

y toda suerte de perfumes sensuales,

cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,

entenderás ya qué significan las Itacas.

En "Cuando puedas", poema publicado en 1913, dos años después de "Ítaca", nos dice: "Si imposible es hacer tu vida como quieres / por lo menos esfuérzate /cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca".

© Ángeles Lorenzo Vime