Escritura Creativa. El desenlace. Atlas de textos. | Itaca Escuela de Escritura

Escritura Creativa. El desenlace. Atlas de textos.

El desenlace. Escritura Creativa. Ítaca Escuela de Escritura.

II - ATLAS DE TEXTOS: NOSOTROS, LOS RIVERO, DE DOLORES MEDIO

 

De entre los diferentes tipos de desenlaces, la novela Nosotros, los Rivero, de Dolores Medio (Oviedo 1911-1996), nos ofrece un ejemplo muy claro de final circular. El final rima con el principio; hay una conexión íntima entre ambos, se tocan, se enlazan. Veamos cómo.

En el primer capítulo, asistimos a la llegada de la protagonista a Oviedo. Estamos en el año 1950:

El tren entró en la estación arrastrándose perezosamente por la espesa niebla que envolvía a la ciudad. Antes de que el convoy se hubiese detenido, Lena Rivero recogió su equipaje y abrió la portezuela del sleeping, impaciente por descender al andén. Regresaba a la ciudad después de una larga ausencia y sentía prisa por recorrerla toda, por acariciar sus piedras centenarias, por hallar en cada calle, en cada plaza, alguna huella de la familia Rivero, cuya historia quería desempolvar. Muchas veces, en aquellos años de ausencia, se había preguntado Magdalena qué había de cierto en la odiosa leyenda que su familia arrastraba como una cadena.

En este fragmento, sin saberlo aún, el lector está asistiendo al desenlace de una larga historia familiar marcada por una leyenda oscura que, según se dice, lleva a los Rivero a «morir con las botas puestas» o a acabar por «poner tierra por medio», dicho coloquialmente. El reencuentro de la protagonista con su ciudad, después de una larga ausencia, dará lugar al relato sobre sucesos que ocurrieron en los años veinte y treinta, hasta la sangrienta represión de la revuelta minera del 34, cuando abandona la ciudad, y proporcionará información al lector para que juzgue por sí mismo la veracidad o no de esa leyenda.

En el último capítulo, la historia dará de nuevo un salto al tiempo presente de la narración, a la primavera del año 50, cuando la protagonista regresa a Oviedo convertida en una escritora de éxito. Solo que ahora ya sabemos quién era esa mujer que se había bajado del tren al comienzo de la historia y se disponía a dar un paseo de camino al hotel.

Cuando Lena Rivero abrió los ojos, observó que la gente la miraba con divertido interés. En verdad, no todos los días se le ofrecía a la ciudad el espectáculo de una elegante dama columpiándose en las cadenas de la Universidad, con un cacto en la mano… Rompió a reír al darse cuenta de ello. Sentía deseo de gritarles: «¿Por qué ese asombro, amigos? ¿No me reconocéis? ¡Soy «Ranita», la pequeña de «La Uva de Oro»! […] Desde luego, nadie hubiera reconocido, en la popular escritora Lena Rivero, a aquella muchachita flaca y traviesa que años antes traía en jaque a toda la vecindad. En realidad, ya nadie se acordaba de los Rivero.

El círculo se cierra y todas las piezas encajan. También la pregunta dramática que ha estado latiendo a lo largo de toda la novela acerca de la maldición de los Rivero se verá que no es otra cosa que una condena por parte de la sociedad a quienes tienen espíritus inquietos y desafían a los modelos tradicionales. Lena, la protagonista, ha heredado ese carácter inconformista y la cuestión sobre la leyenda no la lleva a la aceptación fatalista de un destino trágico, sino a cuestionar el juicio de la sociedad.

Nosotros, Los Rivero fue la novela ganadora del Premio Nadal en 1952. Posee rasgos en común con novelas más conocidas, como Nada (Premio Nadal en 1945), de Carmen Laforet y Entre visillos (Premio Nadal en 1957), de Carmen Martín Gaite. Las tres hablan indirectamente de las secuelas de la guerra civil desde lo pequeño, desde la mirada y la condición de la mujer urbana, de clase media, mediante el retrato de sus conflictos familiares y sus vidas cotidianas en tres ciudades: Oviedo, Barcelona y Salamanca.

Como tantas novelas de la posguerra, también estuvo marcada por la censura, incluso por la autocensura. La autora intentó publicarla en una editorial pequeña (Rumbo), que, como era preceptivo, solicitó aprobación del Servicio de Inspección antes de enviarla a la imprenta. Solo que el informe fue demoledor: el libro atacaba la moral, al régimen… Su veredicto final fue contundente: «Completamente reprobable». Lo inaudito es lo que hizo la autora: escribir a la censura y comprometerse a quitar y cambiar cuanto se le indicara. Tras la poda, el periplo de la novela por los organismos oficiales para conseguir su autorización se prolongará durante meses; en el proceso, desaparecerá la propia editorial Rumbo y la autora acabará presentando la obra al Nadal. Cuando le comunican que ha sido la ganadora, no puede asistir a la cena de gala porque no lo esperaba y ni siquiera tenía dinero para el billete… Por lo que se refiere al texto, parece que sufrió nuevas podas antes de ser editada por Destino.

Tras recibir el premio, Dolores es recibida en Oviedo como una celebridad. El libro tiene un éxito de ventas abrumador (tres ediciones en tres meses). Al principio, se la encumbró al estrellato como símbolo de mujer triunfante, pero enseguida su figura se rodeó de tópicos, tan gratuitos como falsos, de opiniones de académicos y periodistas que, sin haber leído en profundidad el libro, lo enjuiciaron llenos de prejuicios (parece ser que no gustaba la imagen que se desprendía de Oviedo).

La misma incomprensión fueron encontrando los temas, personajes y argumentos de muchos de sus siguientes libros (Diario de una maestra, Celda común…), todos ellos retocados por la censura. En 1981 se publica la que, en su opinión, era su mejor novela: El fabuloso imperio de Juan sin tierra. Ese mismo año crea una fundación: «Fundación de Dolores Medio», a la que se dedicará plenamente desde entonces. Sus proyectos son la creación del Premio Asturias para ayudar a los autores noveles; la creación de bibliotecas (bibliotecas «Teresa Estrada», en homenaje a su madre); la creación de la colección de «Novelistas Asturianos» y de la medalla del Gran Premio de las Letras Asturianas.

© Isabel Cobo