Retorno de la gran novela en español: La ciudad y los perros. | Itaca Escuela de Escritura

Retorno de la gran novela en español: La ciudad y los perros.

  • Los elementos autobiográficos (la presencia de Vargas Llosa).
  • La elaboración técnica de la novela: mezcla de voces narrativas, cambios de registro, técnica de los vasos comunicantes, cambios de tiempo y espacio, animalización como recurso, metáforas…
  • La trama policial. Los personajes.
  • La pregunta dramática.

Tuvieron que pasar más de tres siglos, desde la publicación de la segunda parte del Quijote hasta la gran novela en lengua española que vio la luz gracias al Boom Latinoamericano. Una de las mejores novelas escritas en español es, sin duda, La ciudad y los perros.

Lo autobiográfico

Vargas Llosa escribió La ciudad y los perros cuando tenía tan solo 27 años. Partió de algunos elementos autobiográficos al afrontar la escritura de esta obra, y es evidente que comparte rasgos tanto con el Poeta como con el Esclavo: ambos son su alter ego. Como el Poeta, Vargas Llosa escribía novelitas y cartas, y vivía al modo de los jóvenes miraflorinos. Como el Esclavo, conocerá a su padre a los diez años, tras haber creído que estaba muerto. Tanto la relación tumultuosa con su padre como el ingreso forzoso en el colegio militar Leoncio Prado son también elementos autobiográficos, entre otros.

La elaboración técnica

Lo más interesante del análisis de esta novela es la magistral elaboración técnica.  Por ejemplo, los continuos cambios de voz narrativa (una tercera persona omnisciente convive con varias voces narrativas en primera persona), que resultan extremadamente útiles para mostrar diferentes visiones del mundo a través de los diversos registros lingüísticos, que nos trasladan el lenguaje propio, personal, de cada uno de esos personajes. Esa mezcla de voces, a menudo tumultuosa, y los magníficos monólogos interiores le dan a la novela una excepcional fuerza, de principio a fin.

La técnica de los vasos comunicantes (*) permite mezclar situaciones que tienen lugar en espacios y tiempos distintos y que se enriquecen mutuamente, creando así, a través de esa mezcla, realidades que son también nuevas.

Los continuos saltos de tiempo, las digresiones y anticipaciones, los paralelismos y los contrastes, la aparición de espacios antagónicos, las magníficas metáforas y el uso de la animalización de los personajes (así como la humanización simbólica de los animales), son solo algunos más de los recursos que aparecen empleados magníficamente en esta excepcional novela.

Mucho más que una trama policial

A partir de la segunda parte, la historia se transforma, además, en policíaca. Desde ese momento, seguir la pista del asesino es uno más de los retos de la novela. Conviven, además, diferentes subtramas dentro de esta compleja historia donde los personajes muestran una psicología bien elaborada y evolucionan al compás de los acontecimientos.

En la tercera parte, el epílogo, se desvela la enorme profundidad con que se ha estado tratando, hasta entonces de manera mucho más discreta, al personaje que quizá podríamos considerar como el protagonista de la historia: el Jaguar.

La pregunta dramática

Los personajes de esta novela también evolucionan, también se dejan moldear por sus circunstancias. Y nos sitúan frente a la gran pregunta metafísica que (más allá de la pregunta centrada en la trama policíaca y mucho más superficial, acerca de quién es el asesino) carga esta novela de toda su inmensa profundidad: ¿vale la pena mantener los principios?; especialmente en un contexto de corrupción, ¿es posible alcanzar alguna suerte de salvación ética?

Novelas como esta tienen, así, la fuerza de las grandes obras de la literatura universal. Otro ejemplo insigne de obra inmortal es Crimen y castigo, de Dostoievski.

 

 (*) -Le conté todo -dijo el Jaguar.

-¿Qué es todo? -dijo el flaco Higueras- ¿Que viniste a buscarme con una cara de perro apaleado, le contaste que te volviste un ladrón y un putañero?

-Sí -dijo el Jaguar- Le conté todos los robos, es decir, los que me acordaba. Todo, menos lo de los regalos, pero ella adivinó, ahí mismo.

-Eras tú -dijo Teresa-. Todos esos paquetes me los mandabas tú.

-Ah -dijo el flaco Higueras-. Te gastabas la mitad de las ganancias en el burdel y la otra mitad comprándole regalos. ¡Qué muchacho!

-No -dijo el Jaguar-. En el bulín no gastaba casi nada, las mujeres no me cobraban.

-¿Por qué hiciste eso? -preguntó Teresa.

El Jaguar no contestó: había sacado las manos de los bolsillos y jugaba con sus dedos.

-¿Estabas enamorado de mí? -dijo Teresa; él la miró y ella no había enrojecido; su expresión era tranquila y suavemente intrigada.

-Sí -dijo el Jaguar- Por eso me peleé con el muchacho de la playa.

-¿Tenías celos? -dijo Teresa. En su voz había ahora algo que lo desconcertó: una indefinible presencia, un ser inesperado, huidizo y soberbio.

-Sí -dijo el Jaguar, Por eso te insulté. ¿Me has perdonado?

-Sí -dijo Teresa-. Pero tú debiste volver. ¿Por qué no me buscaste?

-Tenía vergüenza -dijo el Jaguar-. Pero una vez volví, cuando agarraron al flaco.

-¡También le hablaste de mí! -dijo el flaco Higueras, orgulloso-. Entonces le contaste todo de verdad.

-Y ya no estabas -dijo el Jaguar-. Había otra gente en tu casa. Y también en la mía.

-Yo siempre pensaba en ti -dijo Teresa. Y añadió, llena de sabiduría: -¿Sabes? A ese muchacho que le pegaste en la playa, no lo volví a ver.

-¿Nunca? -dijo el Jaguar.